EJERCICIOS ESPIRITUALES: Oremos por nuestros Sacerdotes
- Del Puerto Noticias
- 20 ene
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EL SACERDOCIO EN LOS PADRES DE LA IGLESIA
1.Relación esencial a Cristo.✝️ (1ra parte)
Cristo es el único verdadero, sumo y eterno sacerdote (Policarpo, Orígenes, Lactancio); figurado en Melquisedec (Sal 109,3), fiel según el corazón de Dios (1 Sam 2,25) (Cipriano, Lactancio ).
El Verbo se constituye pontífice por la encarnación, a fin de ofrecerse a sí mismo, purificándonos de nuestros pecados y resucitándonos de entre los muertos (Atanasio). Es, por tanto, al mismo tiempo sacerdote y víctima (Orígenes, Agustín) y ejerce incesantemente su sacerdocio, llevando al Padre a los que se le acercan con fe (Atanasio), presentando ante Él nuestras oraciones (Orígenes) e intercediendo por nosotros (Agustín).
Todos los sacerdotes hacen las veces de Cristo y deben imitar, por tanto, lo que hizo Cristo (Cipriano). Imitar a Cristo especialmente en la humildad: Quien de vosotros quiera ser el mayor, sea vuestro servidor... Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y dar su vida en rescate por muchos (Jn 20, 26-28).
Los sacerdotes actúan siempre en nombre de Cristo, como su «alter ego», de modo que, cuando ellos apacientan el rebaño, es Cristo quien apacienta: en ellos se oye la voz de Cristo y a través de ellos se manifiesta su amor (Agustín).
Así como Cristo es sacerdote y víctima, así también los sacerdotes se ofrecen a sí mismos como víctimas (Orígenes). El sacerdote consagra a Cristo las dotes, que de Él ha recibido: ingenio, prudencia, elocuencia, gravedad ... ¿A servicio de quién mejor que al de Cristo podrían ponerse todos esos dones, recibidos de Él, para que sean conservados, aumentados, perfeccionados y remunerados? (Agustín). El sacerdocio, finalmente, es un don de Dios y a El hay que agradecerlo (León Magno).