DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO16 de febrero, 2025
- Del Puerto Noticias
- 16 feb
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«Lo que ayuda no es sufrir los males que nos suceden, sino soportarlos por el nombre de Jesús, no sólo con espíritu sereno, sino incluso con alegría»
Jesús proclama «bienaventurados» a los pobres de espíritu, a los que lloran, a los misericordiosos, a quienes tienen hambre de justicia, a los limpios de corazón, a los perseguidos (cf. Lc 6, 17. 20-26). No se trata de una nueva ideología, sino de una enseñanza que viene de lo alto y toca la condición humana, precisamente la que el Señor, al encarnarse, quiso asumir, para salvarla. Por eso, «el Sermón de la montaña está dirigido a todo el mundo, en el presente y en el futuro y sólo se puede entender y vivir siguiendo a Jesús, caminando con él».
Esta enseñanza de las Bienaventuranzas, es un nuevo programa de vida, para liberarse de los falsos valores del mundo y abrirse a los verdaderos bienes, presentes y futuros. “Cuando Dios sacia el hambre de justicia y enjuga las lágrimas de los que lloran”, significa que, además de recompensar a cada uno de modo sensible, abre el reino de los cielos.
Realizan el reflejo perfecto de la vida del Hijo de Dios que fue perseguido, despreciado y condenado a muerte, a fin de darnos a los hombres la salvación. Estas Bienaventuranzas son dones de Dios, y debemos estarle muy agradecidos por ellas y por las recompensas que de ellas derivan, es decir, el reino de los cielos en el siglo futuro, la consolación aquí, la plenitud de todo bien y misericordia de parte de Dios,una vez que seamos imagen de Cristo en la tierra.
«Dios ha escogido lo débil del mundo para humillar lo poderoso; ha escogido lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta» (1 Co 1, 27-28). Por esto la Iglesia no teme la pobreza, el desprecio, la persecución en una sociedad a menudo atraída por el bienestar material y por el poder del mundo.